Viernes, Julio 28, 2017

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Los azules de nuestra bandera

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Es frecuente escuchar a algunos portavoces anexionistas protestar por el azul cielo de la bandera de Puerto Rico. Alegan que se trata de una bandera independentista y que el color verdadero del triángulo de la bandera es azul marino. Algunos, de manera ofensiva, la llaman la bandera desteñida.

 



Además de una enorme carga de prejuicio, los anexionistas ofrecen una lamentable muestra de desconocimiento de la historia.

Nuestra bandera fue concebida y diseñada en Nueva York en 1895, por un grupo de combatientes por la libertad de Puerto Rico y Cuba, miembros de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano (PRC). Algunos de ellos, como el arecibeño Pachín Marín, combatieron y murieron por la independencia de las islas.

Eran tantos los afectos y las coincidencias entre los revolucionarios cubanos y puertorriqueños, que ese grupo de boricuas decidió que nuestra bandera tuviera el mismo diseño que la cubana, con los colores invertidos.

El color del triángulo de aquella bandera original era azul cielo. Y, sí, era una bandera de guerra anticolonial, una bandera independentista. Tanto como la Old Glory de los independentistas de las trece colonias norteamericanas.

Tras el desenlace de la Guerra Hispano-cubano-americana de 1898 en la que fuimos tomados como botín de guerra por Estados Unidos, se mantuvo la criminalización de nuestros símbolos nacionales. Nos impusieron la bandera multiestrellada y el himno de los invasores. Se le encomendó al poeta asturiano Manuel Fernández Juncos que escribiera una letra para La Borinqueña, con un contenido colonial inofensivo--que prevalece hoy-- diametralmente opuesto a la letra original de Doña Lola, que es un canto a la lucha por la libertad.

Nuestra bandera fue proscrita por décadas. Se llegó al extremo de acusar a miembros del Partido Nacionalista—le llamaban entonces “la bandera de los nacionalistas”-- de comisión de delito, por la sola posesión de la misma.

Al fundarse el Estado Libre Asociado en 1952, el gobierno estadounidense y sus aliados coloniales se apropiaron de la bandera y del himno, para convertirlos en los símbolos del ELA. Entonces apareció de forma oficial el azul marino del triángulo; el mismo de la bandera estadounidense.

Al conmemorarse el centenario de la bandera puertorriqueña en 1995, la Cámara de Representantes, controlada por el PNP, organizó diversas actividades. Sorpresivamente, circuló una bandera puertorriqueña con un azul distinto a los otros dos en su triángulo.

Más allá de este diferendo, lo importante es que tanto la monoestrellada como La Borinqueña han prevalecido como símbolos nacionales—con los azules que sea y con la letra que como sea— y son apreciados cada día más por nuestro Pueblo.  El debate de los azules termina siendo irrelevante; porque lo que los colonialistas y los anexionistas hubieran deseado es que no tuviéramos ni himno ni bandera, del color y la letra que fueran. Lo que siempre han querido destruir es la Nación que es representada por ese himno y por esa bandera, y que nuestras lealtades y afectos estén con otra bandera y otro himno.

Por eso les ha dolido tanto, por mencionar un caso extraordinario, el mar de banderas puertorriqueñas que ha arropado a nuestra Nación en este ano olímpico; y están tan resentidos con las inmensas emociones que provocó en nuestro Pueblo, la interpretación de nuestro himno y el izamiento de nuestra bandera--sola--tras la medalla dorada de Mónica.

Nuestro gran reto del presente y el porvenir es el Estado nacional, la independencia de la Patria. Entonces desaparecerán el dilema colonial de los colores de nuestra bandera y tantos problemas que nos aquejan.


Fundación Juan Mari Brás

 

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