Viernes, Diciembre 15, 2017

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En la ONU: Un reclamo por Ana Belén

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Señor presidente del Comité de la Organización de las Naciones Unidas, señores embajadores, apreciados compatriotas. Soy Miriam Montes Mock, y comparezco ante esta honorable organización a nombre de la Mesa de Trabajo por Ana Belén Montes en Puerto Rico.

 



Traigo ante su consideración el caso de una prisionera de consciencia puertorriqueña en una cárcel estadounidense.

Me refiero a Ana Belén Montes, quien extingue una condena de 25 años por solidarizarse con el hermano país cubano frente a los planes de agresión del gobierno de los Estados Unidos contra la población civil de Cuba. El proceder de Ana Belén constituyó una defensa del derecho a la autodeterminación de este pueblo caribeño ante las intervenciones de Estado dirigidas a coartar la libertad que debe asistir a todos los países de escoger su propio sistema de gobierno y sus líderes.

Desde el siglo XIX, Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, han compartido luchas emancipadoras, inspiradas en el sueño del prócer puertorriqueño Ramón Emeterio Betances. El llamado “Padre de la Patria”, ideólogo y promotor de la Confederación Antillana, procuró la aglutinación de los antillanos con el fin de garantizar la libertad, soberanía y desarrollo de las Antillas ante los ataques imperialistas.

Hoy, las Antillas aún luchan y se solidarizan unas con otras. Puerto Rico es objeto de explotación, discrimen, y de la indigna imposición de una Junta de Control Fiscal, resultado de su condición colonial. Cuba sufre tratos crueles, evidenciado en el feroz bloqueo económico infligido por el gobierno estadounidense.

Los actos solidarios de la puertorriqueña Ana Belén Montes en defensa de la autodeterminación de Cuba, se insertan en la tradición de apoyo antillano promulgada por uno de nuestros héroes nacionales.

El caso de Ana Belén Montes contiene otros visos que aluden a la situación colonial que vivimos. Ana Belén es una puertorriqueña de la diáspora.

Como tantos otros boricuas que optan por emigrar a los Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida, la familia de Ana Belén no fue una excepción. La década del cincuenta evidenció una histórica ola migratoria. Para entonces, el gobierno colonial elaboraba sus proyectos de emigración e inscripción en el Ejército de los Estados Unidos. Se trataba de un engañoso plan de asimilación y dependencia hacia la nación norteamericana. Nuevamente, el país opresor disminuía la integridad del pueblo subyugado.

Ana Belén Montes fue un producto de nuestra situación colonial. Contrario al destino abrumador que sufre un sector mayoritario de nuestra diáspora, Ana Belén procuró comprender la situación que vivían los países latinoamericanos y caribeños ante las intervenciones militares y los crímenes de Estado perpetrados por el gobierno de Estados Unidos. Y como un acto de profundo convencimiento y de extraordinaria valentía, apoyó a las víctimas.

Ana Belén nació el 28 de febrero de 1956 en una base militar en Alemania. Estudió Relaciones Extranjeras en la Universidad de Virginia, y completó una maestría en Estudios Internacionales de la Universidad John Hopkins. Su inteligencia, su pensamiento analítico y su alto sentido de responsabilidad le valieron un puesto como analista en la Agencia de Inteligencia de la Defensa, en el Pentágono.

Ana Belén fue arrestada el 16 de septiembre de 2001 y acusada de conspirar para entregar información clasificada al gobierno de Cuba. Se declaró culpable. Estuvo detenida desde su arresto y ha permanecido en prisión bajo condiciones altamente restrictivas. La mantienen silenciada y aislada. Ana Belén sufre de cáncer. Tiene sesenta años, dieciséis de ellos, presa. Se le practicó una mastectomía radical. No tiene un médico de su preferencia a su lado; ni a su familia. Las reclusas la cuidan. Intenta aplacar el dolor punzante con aspirinas. Solo eso, y Panadol.

Sus últimas palabras públicas, expresadas en el 2002 ante la Corte Federal, resumen los principios que impulsaron la gesta de Ana Belén Montes. Con la sensatez y el aplomo que la caracterizan, expuso ante el juez lo siguiente: “Su Señoría, yo participé en la actividad que me trae ante usted porque obedecí mi conciencia en vez de a la ley. Creo que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, y contradictoria al ideal del buen vecino, y me sentí moralmente obligada a ayudar a la Isla a defenderse de los esfuerzos para imponerle nuestros valores y sistema político”.

Ana Belén no cobró un solo centavo por sus actos solidarios. Su proceder desprendido y valeroso merece la solidaridad de toda la comunidad puertorriqueña y cubana, y de todos los ciudadanos que, como ella, abrazan el proverbio italiano que afirma que “Todo el mundo es un mismo país”. Muchas gracias. (endi.com)


Fundación Juan Mari Brás

 

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