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Comité Especial de Descolonización del la ONU - Comparecencia del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano

 

Comparecencia del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano

Comité Especial de Descolonización del la ONU

21 de junio de 2010.

Sr. Presidente del Comité de Descolonización; embajadores y embajadoras integrantes de este Comité; delegados visitantes: se dirige a ustedes Héctor L. Pesquera Sevillano, Copresidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano. Reciban un afectuoso saludo a nombre de nuestra organización.

Acudimos ante este Comité en los albores de concluir la segunda década por el fin de la descolonización, proclamada por este organismo. Debo señalar que al concluir esta segunda década de la descolonización, aun persisten algunas colonias en este planeta, incluyendo la más antigua de este hemisferio, Puerto Rico.

 

Mucho se habla en estos días de los terribles daños ecológicos y económicos causados por el derrame de petróleo en el Golfo de México que comenzó hace mes y medio. El Presidente Obama exige responsabilidad financiera y reparación de agravios a la empresa British Petroleum, cuyo desmedido afán de lucro ha llevado a esa empresa a extraer petróleo de descomunales profundidades oceánicas, sin las previsiones o recursos tecnológicos para manejar una emergencia como la que surgió.

 

Es preciso señalar que esos daños ecológicos, sociales y económicos que han escandalizado a los estadounidenses y alarmado al resto del Planeta, son minucias al compararlo con los destrozos causados por Estados Unidos en Puerto Rico durante más de 112 años de colonialismo. Antes de la invasión militar de Estados Unidos, Puerto Rico era una sociedad productora, trabajadora y solidaria en vías de librarse del colonialismo español para constituirse en una nación soberana.

La explosión imperialista y su marea expansionista destruyeron rápida y progresivamente la economía nacional, transformándola en una dependiente y consumidora de la mercancía proveniente de la metrópolis.

En el 1898, año de la invasión, la participación de los trabajadores puertorriqueños en la fuerza laboral era de un 84%. Hoy en día, la participación en la fuerza laboral es de apenas un 42%. Actualmente el desempleo oficial ronda el 17%, el 48% de la ciudadanía depende de asistencia en fondos federales para su subsistencia y el 67% de la población vive bajo los niveles de pobreza, de acuerdo a los estándares federales.

La agricultura, industria principal y floreciente antes de la invasión, ha sido reducida a su más mínima expresión, llevando a lo que fue un país casi autosuficiente en términos alimentarios a un país dependiente que se ve obligado a importar del mercado de Estados Unidos el 85% de lo que consume. Y por virtud de las Leyes de Cabotaje, vigentes desde el 1917, los puertorriqueños estamos obligados a transportar todo lo que viene a la isla en la marina mercante de Estados Unidos, la más cara e ineficiente del mundo.

Pequeños y medianos comerciantes, ferreterías, colmados y farmacias de la comunidad han sido acorralados y llevados a la bancarrota al no poder competir con las grandes cadenas de establecimientos, Centros Comerciales y farmacias de Estados Unidos, que se han esparcido como mancha de petróleo por toda la geografía nacional.

En el proceso de ocupación y militarización de la isla, las distintas ramas del aparato militar estadounidense han contaminado con tóxicos y deshechos militares cientos de acres de terreno a través de toda la isla, siendo los casos mas conocidos los de las islas municipio de Culebra y Vieques en el este, el islote Desecheo en el oeste y el bosque Toro Negro con el temido agente naranja y otros químicos utilizados en sus experimentos militares.

En resumen, nos destruyeron la agricultura para tenernos como su mercado cautivo, han contaminado suelos y aguas, han reclutado a nuestros jóvenes para sus guerras imperialistas, han descalabrado nuestra economía, condenado a grandes sectores del país a la dependencia y diezmado la autoestima de nuestro pueblo.

Ante el colapso de la economía colonial y para sostenerse funcionando, los gobiernos de turno han recurrido a la emisión de deuda pública. Así, la deuda pública que en el 1972 era de $2,700 millones, hoy día asciende a más de $60,000 millones. Es decir, el invasor nos ha causado inmensos daños sociales, económicos y ecológicos, sin embargo somos los puertorriqueños los que le debemos a la metrópolis miles de millones de dólares. Absurdo, bizarro, perverso. ¿No les parece a ustedes?

El desastre causado en Puerto Rico por la explosión imperialista es mucho peor, como vemos, que la del Golfo de México Ha alcanzado dimensiones insospechadas, provocando que se perpetúe en el país la pobreza, la dependencia y provocando el éxodo de la mitad de la población, 4 millones de personas, a diversas ciudades de Estados Unidos, donde desempeñan las tareas menos remuneradas y bajo las peores condiciones de trabajo.

Como vemos, la solución al problema colonial de Puerto Rico no es un mero reclamo por cuestiones de dignidad y de principios, que ciertamente están presentes. La descolonización y el ejercicio de los poderes soberanos en manos del pueblo de Puerto Rico son una necesidad imperiosa para poder enfrentar los graves problemas económicos, sociales y políticos que han hecho crisis en la actualidad.

De la misma manera y con la misma vehemencia con que el Presidente Barak Obama exige responsabilidad y acción a la British Petroleum para remediar los daños causados a las costas del sur y a la economía de esa región, nosotros exigimos del gobierno de Estados Unidos que asuma su responsabilidad histórica, desista de causar mayor daño a la naturaleza, a la economía y a los habitantes de Puerto Rico y se disponga a indemnizar al país por más de 112 años de colonialismo y explotación de nuestra nación caribeña.

Desde el punto de vista del Derecho Internacional, que es el que debe ser base de cualquier consideración en la ONU de nuestro caso, Estados Unidos debe reconocer que bajo el Tratado Multilateral que es la Carta de las Naciones Unidas, que obliga constitucionalmente a dicho país, los que tenemos el derecho de libre determinación de Puerto Rico somos los ocho millones de nacionales boricuas.

Los proyectos de Ley presentados ante el Congreso de Estados Unidos para atender el problema de la relaciones con Estados Unidos, incluyendo el mas reciente, son parte de la estrategia anexionista, que se funda en la deformación colonial de que la soberanía sobre Puerto Rico le pertenece a el Congreso de los Estados Unidos. La soberanía sobre Puerto Rico es de los puertorriqueños todos, y de nadie más. Lo que ha existido desde la invasión de 1898 es una intervención y ocupación militar e ilegal, lo que convierte en nulo e ilegal desde el punto de vista internacional todas las acciones derivadas de aquel acto de fuerza.

En el ejercicio de dicha soberanía, propulsamos la celebración de una Asamblea Constitucional de Status como mecanismo procesal para adelantar la descolonización de Puerto Rico. Dicha Asamblea deberá ser organizada, financiada y ejecutada por los y las puertorriqueñas, sin la intervención de Estados Unidos, siguiendo una vez más, los lineamientos generales del Derecho Internacional aplicable.

Hoy más que nunca, y con la urgencia que requiere un pueblo que resiste frente a la voracidad de un imperio que no cesa en su afán expansionista y de sostener a Puerto Rico como mercado cautivo, importándole poco los daños ocasionados a nuestra gente, a nuestro ambiente y a nuestra economía. Nuestra organización le extiende una invitación para que una delegación de este Comité visite a Puerto Rico y pueda palpar directamente nuestra crítica situación colonial.

Le reclamamos a este Comité Especial de Descolonización que asuma su responsabilidad histórica, que se disponga a conseguir la inclusión del caso de Puerto Rico en la Asamblea General de la ONU para que a la luz de los acontecimientos de los últimos 50 años, se disponga por dicha Asamblea el reexamen de nuestro caso y la aplicación del Derecho Internacional vigente.

Muchas Gracias.

 

Fundación Juan Mari Brás

 

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