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La guerra desatada contra la República Islámica de Irán



5 de marzo de 2026

El sábado 12 de abril de 2025 se dieron cita en Muscat, capital de Omán, representantes de la República Islámica de Irán y de Estados Unidos. Por la parte iraní estuvo Abbas Araghchi, Ministro de Relaciones Exteriores y por la parte estadounidense, Steve Witkoff, enviado especial del presidente Donald Trump. Allí, en una reunión de dos horas y media, iniciaron conversaciones sobre el programa de sanciones de Estados Unidos a la República Islámica de Irán y su programa nuclear. Dichas conversaciones discurrieron dentro de un clima de tensiones donde la parte iraní mantenía en alerta de combate a sus fuerzas armadas, mientras Estados Unidos mantenía en igual estado de alerta sus tropas en las cercanías de Irán.

A pesar de que Donald Trump había manifestado su interés en que Irán suscribiera un acuerdo para no desarrollar armas nucleares, los datos reflejaban en aquel momento que, ni al presente, ni en el pasado, Irán había estado violando el Tratado para la No Proliferación de Armas Nucleares.



Estados Unidos e Irán habían alcanzado un acuerdo en el año 2015 bajo la administración de Barak Obama mediante el cual gran parte de uranio enriquecido alcanzada por Irán fue transferido a terceros países. El acuerdo con Irán permitió a la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) la inspección de sus facilidades nucleares y estableció el compromiso de dicho país de no desarrollar la producción de armamentos nucleares a cambio de una reducción de sanciones contra su gobierno. Este tratado fue anulado unilateralmente por Donald Trump en 2018. A partir de ese momento se restablecieron sanciones contra el país y éste continuó desarrollando su programa nuclear. Indicaba entonces la OIEA que Irán tenía unos 274 kilos de uranio enriquecido. El enriquecimiento para la fabricación de armas nucleares es de 90%.

Las negociaciones de trasladaron a Roma el sábado 19 de abril de 2025. Se indicó que habría una tercera reunión en Omán. Irán no aceptaba el desmantelamiento total de sus iniciativas nucleares, y exigía la garantía de parte de Estados Unidos de que, si se llegara a un acuerdo, dicho país no se retiraría posteriormente como sucedió por parte de Trump con el acuerdo negociado por la administración de Barak Obama. Por su parte Israel, presionaba e insistía en que Estados Unidos no descartara la opción militar y rechazaba de plano que Irán pudiera desarrollar capacidades militares nucleares.

Días antes en que estaban pautadas las conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Omán, Israel lanzó una operación militar dirigida a instalaciones nucleares y otros objetivos de importancia para el desarrollo armamentista de Irán.

A pesar de los ataques de Israel, se mantuvo la reunión pautada para el 15 de junio de 2025 en Omán entre funcionarios estadounidenses e iraníes. Sería la sexta ronda de negociaciones desde que se iniciaron las conversaciones entre ambos países el 12 de abril de 2025.

El sábado 21 de junio de 2025, en momentos en que el propio presidente de Estados Unidos había concedido a Irán el plazo de dos semanas para fijar su posición con relación al acuerdo diplomático perseguido por Estados Unidos para el desarrollo por parte de Irán de su programa nuclear con fines civiles, se produjo un traicionero ataque militar contra tres instalaciones nucleares en territorio iraní. Lo anterior fue tan sólo dos días después de Donald Trump haber transmitido su propuesta de dos semanas como plazo. Luego del inicio de la operaciones militares de Estados Unidos contra Irán, en medio de señalamientos en torno a la justificación de tal ataque si las partes se encontraban negociando, la justificación dada por la administración Trump fue que Estados Unidos procedió militarmente ante el hecho de que Israel ya había decidido su ataque a Irán.

Bajo la “Operación Martillo de Medianoche”, efectuada en junio de 2025, fueron atacadas las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahán. La operación conllevó el uso de 125 aeronaves, incluyendo 7 aviones B-2, capaces de transportar cada uno dos bombas GBU-57A/B. Estas bombas se lanzan desde una altura de 12 kms. Cada una tiene un peso de 13,600 kgs., (aproximadamente 30 mil libras), miden 6.25 metros de largo, logran penetrar hasta 60 metros de profundidad, y cuando detonan, explotan 2,400 kgs. de explosivos. Se trata de la bomba más destructiva no nuclear en el arsenal de Estados Unidos. Simultáneamente, los ataques incluyeron también el lanzamiento de unos 30 misiles crucero lanzados desde plataformas navales ubicadas en submarinos nucleares en las inmediaciones del Golfo Pérsico.

De acuerdo con BBC News, los ataques a las instalaciones nucleares de Irán no lograron destruir su programa, aunque lo retrasaron algunos meses. En medio de esta situación y luego de una llamada “guerra de 12 días”, a instancias de Trump, Israel e Irán acordaron un frágil alto al fuego. Ambos países, sin embargo, se han acusado respectivamente de no respetar el mismo.

En medio de la crisis y de amenazas recíprocas, los tres países han expresado satisfacción por el desarrollo de su respuesta militar frente a cada uno de ellos considerándose vencedores. Irán ha señalado que ha terminado la guerra con Israel, afirmando que nunca fue su propósito construir bombas nucleares. Israel sostiene que los daños causados a la capacidad de Irán de construir una bomba nuclear completaba su objetivo inmediato contra el programa nuclear de dicho país. Por su parte, Trump indicó que gracias a lo que describió como la “destrucción total” de las tres instalaciones bombardeadas, había eliminado el potencial de Irán de construir una bomba nuclear. Como parte de su discurso triunfalista, Trump afirmaba haber conseguido la paz.

En las pasadas semanas, nuevamente surgió el tema del desarrollo nuclear por parte de Irán lo que llevó a nuevas negociaciones, mientras en la trastienda de las negociaciones, Israel presionaba por una solución militar contra Irán, lo que desde años atrás ha sido su deliberado interés.

Ya en noviembre de 2025 el presidente Donald Trump había suscrito el documento titulado Estrategia Nacional de Defensa donde reclamó, enrelación al Medio Oriente, la necesidad de priorizar en dicha región dado sus recursos energéticos. Indicó que al presente la capacidad militar de Irán, gracias a la intervención de Israel y los ataques de su Administración de junio de 2025, se ha visto disminuida. A la vez el documento señaló que Estados Unidos se ha comprometido a garantizar las líneas de suministro en el Golfo Pérsico evitando que caigan en manos de sus enemigos; mantener la apertura del Estrecho de Ormuz y la navegación en el Mar Rojo, impedir que terroristas exporten su terror hacia los intereses estadounidenses en su país y mantener la seguridad de Israel. Igualmente procurará que otros países de la región en el mundo musulmán se adhieran a los “Acuerdos de Abraham” negociados con Israel.

El 23 de enero de 2026 se desclasificó, al menos la parte hecha pública, un nuevo documento emitido por el Departamento de Guerra de Estados Unidos (antes Departamento de Defensa), titulado 2026 NDS National Defense Strategy. Acompaña el documento un Memorando suscrito por Peter Hegseth, Secretario de Guerra.

Señala el Secretario de Guerra que la posición del presidente de Estados Unidos es que no permitirá que la República Islámica de Irán desarrolle armas nucleares. Así lo determinó con la “Operación Martillo de Medianoche”. Señala que el gobierno de Estados Unidos ha provisto apoyo crítico a Israel en su exitosa “Guerra de 12 días” librada en junio de 2025, por lo que Irán es más débil y vulnerable. El llamado “Eje de la Resistencia”, indica, también ha sido devastado dejando a Hezbolá y Hamas severamente degradados. La “Operación Rough Rider” contra los Houtíes ha degradado sus capacidades compeliéndoles a procurar la paz y detener sus ataques contra embarcaciones de Estados Unidos, permitiendo la restauración de la navegación a dichos buques. Irán, indica, ha sufrido en meses recientes retrocesos en sus intentos de reconstruir una fuerza militar convencional.

El documento recuerda que Irán tiene sangre estadounidense en sus manos, reafirmando la importancia de Israel como modelo de país aliado y planteando la disponibilidad de Estados Unidos a incrementar sus alianzas con socios del Golfo para enfrentar a Irán y a sus aliados.

Dentro de ese marco de tensiones, se abrió un nuevo proceso de negociaciones entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán con la mediación de varios Estados musulmanes de la región. Las negociaciones discurrieron lentamente, bajo amenazas constantes de Estados Unidos de que, de no llegarse a un acuerdo, quedaría abierta la opción militar. De parte de Irán se amenazaba que cualquier agresión de Estados Unidos o Israel a su país provocaría acciones de represalia contra los intereses militares de Estados Unidos en países vecinos.

Mientras se estaba en espera de continuar las negociaciones entre Irán y Estados Unidos para un nuevo acuerdo relacionado al desarrollo del programa nuclear, en una clara demostración de fuerza, mayor a la demostrada por Estados Unidos en la región del Caribe en torno a la República Bolivariana de Venezuela, se produjo el despliegue de dos grupos de combate de portaviones, de veintenas de medios aéreos y navales y la preparación de personal militar en distintas bases de la región.

En espera de una siguiente reunión, el día 28 de febrero de 2026 Estados Unidos e Israel dieron inicio al más reciente ataque contra Irán. Los bombardeos iniciales supusieron el asesinado del principal gobernante iraní y su esposa, como también de decenas de altos mandos militares y gubernamentales, así como el bombardeo de cientos de instalaciones militares en el país. Gran parte de la infraestructura anti aérea, naval iraní y de comunicaciones fue destruida en estos primeros momentos.

Cientos de civiles han fallecido desde entonces en Irán. La respuesta de Irán ha sido desatar la mayor oleada de misiles de medio y largo alcance contra objetivos militares en Israel y diversos países árabes donde enclavan bases estadounidenses. La respuesta iraní también ha impactado buques militares y civiles estadounidenses en la región del Golfo Pérsico, incluyendo operaciones navales en el Estrecho de Ormuz.

Se indica por medios electrónicos que una parte de las capacidades navales de Irán en el Golfo Pérsico han sido destruidas, mientras el Departamento de Guerra de Estados Unidos indica haber impactado más de 2 mil objetivos al interior de Irán y hundido una fragata en aguas internacionales mediante un torpedo lanzado desde un submarino.

Si bien todo aparenta que en el enfrentamiento con Estados Unidos, Irán lleva las de perder; dicho país aún cuenta con medios militares suficientes para ocasionar daños a Estados Unidos e Israel dentro del conflicto. Se estima, además, que la colocación en tierra de personal militar de Estados Unidos, de ocurrir, sería costosa en bajas para dicho país.

En escrito publicado por la página Agenda Pública el pasado 3 de marzo, Toni Timoner presenta cuatro posibles escenarios “para el mayor riesgo geopolítico del momento” en la guerra desatada contra Irán. El primero sería la radicalización estratégica iraní donde los sectores moderados en Irán son deslegitimados y la Guardia Revolucionaria Islámica consolida su poder en el país.

El segundo sería un “acuerdo” similar a lo que el autor considera fue la solución con Venezuela, desembocando el conflicto en una “negociación pragmática con Washington” donde, sin que se produzca la caída del régimen islámico, se produzca un reequilibrio interno de poder que permita mantener la estructura fundamental del país a cambio de un alivio económico.

El tercer escenario sería una “transición política profunda hacia un régimen no islámico moderadamente liberal en lo aspiracional”, para lo cual, indica, sería necesaria una “oposición articulada con capacidad institucional inmediata”, lo que hoy no existe en Irán.

El cuarto escenario sería que el Estado se fragmente entre corrientes étnicas y fraccionales, señalando que los persas representan el 60% de la población, abriendo paso a que en las “regiones periféricas avancen hacia la autonomía” y donde milicias operen sin coordinación central.

Todavía no se cumple la primera semana de esta nueva guerra. Estados Unidos señaló que sus operaciones militares contra Irán podrían durar entre cuatro a cinco semanas. Todavía falta tiempo para ver el final de la contienda y a dónde la misma pueda llevarnos. Ya se siente en Occidente los efectos económicos de esta contienda con el incremento del costo del petróleo y gas natural.

Mientras tanto, sigue en veremos si habrá o no acuerdos que pongan fin al conflicto en Ucrania.












 


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