Escrito por Alejandro Torres Rivera / MINH

Sin duda alguna, cualquier observador de los procesos políticos en América Latina, ante la pregunta de cuál ha sido el acontecimiento de mayor significado y trascendencia en el año 2014, contestará que ha sido el anuncio simultáneo formulado por los presidentes de la República de Cuba y de Estados Unidos de América el pasado 17 de diciembre informando al mundo el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos Estados y el intercambio de prisioneros efectuado entre ambos gobiernos.
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Nemesio Canales, extraordinario escritor puertorriqueño de las primeras décadas del pasado siglo, utilizando el personaje muy común a nuestros cuentos y los cuentos en otros países latinoamericanos del famoso ¨Juan Bobo¨, se preguntaba cómo si los trabajadores eran la mayoría del país, no eran ellos los que controlaran la Asamblea Legislativa para desde el ejercicio del tal poder, dictar aquellas leyes que fueran favorables a la mayoría del país, es decir, a la clase trabajadora. Hecha tal reflexión, indicaba que en ocasiones, ¨la lógica es la cosa más ilógica del mundo¨.
De acuerdo con una de las leyes de la dialéctica materialista, los grandes cambios cualitativos siempre han estado precedidos de numerosos cambios cuantitativos. Estos cambios cuantitativos en muchas ocasiones se desarrollan de manera casi imperceptibles. De ahí que cuando se produce un cambio cualitativo, en la mayoría de los casos éste nos sorprenda preguntándonos cómo ha sido posible llegar al mismo sin percatarnos de su eventualidad.
Desde tiempo inmemorial, la tortura ha sido un instrumento deshumanizante. La tortura degrada tanto al que como torturador la practica, como al torturado que es víctima de ella. A través de la historia hemos podido constatar su utilización contra el ser humano como método mediante el cual se pretende imponer al contrario los puntos de vista y concepciones de quien en un momento dado ejerce el poder frente a su adversario.



