Perspectivas de la guerra en Irán: visión de Narges Bajoghli y Vali Nasr en escrito titulado Iran’s Grand Strategy: How a Remade Islamic Republic Will Reshape the Middle East, publicado por Foreign Affairs, julio-agosto 2026
30 de julio de 2026
En las pasadas semanas la situación conflictiva entre Estados Unidos-Israel y la República Islámica de Irán ha atraído nuevamente la atención pública, principalmente por la ruptura por parte de Estados Unidos e Israel de los acuerdos alcanzados a través del Memorando de Entendimiento alcanzado entre Estados Unidos e Irán en el mes de junio de 2026.
Recordemos que el 28 de febrero de 2026 Estados Unidos e Israel iniciaron una guerra sostenida en una campaña de bombardeos contra la infraestructura civil y militar de Irán. Los ataques se efectuaron mientras estaban en pleno curso negociaciones en Ginebra para un acuerdo de paz regional. En respuesta a los ataques contra su territorio, Irán lanzó una ofensiva con misiles y drones contra bases militares estadounidenses en países como Baréin, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Iraq. En el plano económico, la respuesta de Irán fue el cierre del Estrecho de Ormuz causando a Occidente un fuerte aumento en el precio del petróleo y del gas natural.
La guerra se extendió por parte de Israel a Líbano, donde se reactivó el conflicto de Israel con Hezbolá, provocando una nueva incursión de Israel al sur de este país. Estos conflictos fueron precedidos por la “Guerra de Doce Días” de junio de 2025 contra Irán y las protestas civiles de los iraníes de 2025-2026.
Un reciente escrito publicado en la prestigiosa revista Foreign Affairs, julio-agosto 2026, redactado por Narges Bahoghli y Vali Nasr titulado Iran’s Grand Strategy: How a Remade Islamic Republic Will Reshape the Middle East, nos permite comprender de manera más objetiva lo que viene ocurriendo en la región con esta nueva ofensiva de Estados Unidos-Israel contra Irán. Veamos lo que señalan los autores.
Indican que al comienzo de la guerra en el mes de febrero de 2026, la República Islámica de Irán aparentaba estar abatida y debilitada como resultado de los bombardeos a gran escala de Estados Unidos contra sus industrias e infraestructura, el bloqueo naval y la destrucción de su economía. En marzo el presidente Donald Trump se ufanaba indicando que había destruido por completo, en referencia a Irán, el “eje del mal”. Tres meses después, sin embargo, Irán mantenía su capacidad militar e industrial y contrario a lo perseguido por Estados Unidos, no se había producido un levantamiento popular contra el gobierno.
Por el contrario, indican los autores del ensayo publicado por Foreign Affairs, que Ia guerra contra Irán ha transformado al país de manera no anticipada. El resultado de los ataques perpetrados por Estados Unidos e Israel, señalan, ha permitido el ascenso a la dirección del Estado, de la Guardia Revolucionaria y al Portavoz del Parlamento a jóvenes que formaron parte del ejército iraní durante la guerra librada por el país con Iraq. Entre estos jóvenes se incluye al designado nuevo Líder Supremo, Mojtaba Khamenei, hijo del Líder Supremo asesinado durante los bombardeos de febrero, Alí Khamenei.
Los autores señalan la diferencia del anterior liderato de la Revolución, que defendía la misma como una Revolución Islámica, de la actual dirección, la cual defiende administrativamente el Estado iraní como entidad nacional.
Antes de los ataques de junio de 2025, quienes dirigían al país asumían la posición de que podían sostener una situación de “no guerra y no paz” frente a Israel y Estados Unidos, lo que vino a demostrarse como incorrecto. Al presente, el sector tecnocrático en la toma de decisiones, es el que está al frente del proceso político en el país. Este sector ha puesto un mayor interés en unificar al pueblo iraní y desarrollar su doctrina militar de una manera distinta. En lo político, imprimiendo un contenido nacionalista frente a la agresión imperialista; en lo militar, reorganizando las estructuras de combate en una especie de “ fuerzas de guerrillas” más que para una guerra convencional.
En 2025 Israel atacó las entradas donde ubicaban los sistemas de misiles sellando sus accesos y obligando a Irán a mover sus plataformas de lanzamiento a lo largo de su vasta geografía hacia lugares que no estaban al alcance de Israel. Al mismo tiempo, dedicó esfuerzos en tiempo real a la reparación de la infraestructura afectada; lanzó oleadas de drones de bajo costo que superaran la capacidad de detección de los radares de Estados Unidos a lo largo del Golfo Pérsico, que permitieran degradar las capacidades estadounidenses en la protección de las instalaciones de sus aliados. Así lograron impactar y dañar 16 instalaciones en la región del Golfo, incluyendo, además, el Campamento Victoria, localizado en Iraq desde la ocupación en 2003, el cual tuvo que ser abandonado. Se indica por Paul Sharre, en su escrito titulado Losing the War of the Future, también publicada en Foreign Affairs, julio-agosto 2026, que en los 39 días siguientes al inicio de la campaña aérea el 28 de febrero, Estados Unidos había lanzado contra Irán 13,000 ataques, mientras Irán había respondido con 2,200 misiles y 4,400 drones destruyendo múltiples instalaciones de radares y vehículos aéreos en instalaciones en países aliados de Estados Unidos.
Las acciones de Estados Unidos han creado una crisis de confianza entre los estados del Golfo. El cierre del Estrecho de Ormuz y la destrucción de infraestructura por parte de Irán ha impuesto un “costo significativo” a escala global en los mercados de productos energéticos.
Al cambiar su estrategia de bombardeos por aire al bloqueo naval, Estados Unidos ha admitido que Irán ha cambiado el terrero de la guerra, indicando de paso que Irán ha señalado que la guerra no concluirá hasta que Irán y Estados Unidos lleguen a un acuerdo en el Golfo Pérsico. Irán insiste también que un nuevo orden regional ha de redefinirse a partir de una realidad multipolar y no meramente a base de los intereses de Estados Unidos. El control del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, el cobro de peaje a los buques por él transiten, las condiciones para nuevas conversaciones como es el cese al fuego en Líbano y el fin del bloqueo naval de Estados Unidos, reflejan la creencia de que ha habido un cambio en el balance de poder en favor de Irán.
Para la comandancia iraní es claro que no pueden competir con las ventajas de Israel en materia de inteligencia satelital, ataques de precisión y defensa aérea integrada. Sin embargo, destruyendo los sistemas de radares colocados por Estados Unidos en la región, Irán puede degradar la alerta temprana ante los ataques con misiles contra tales instalaciones, reduciendo las capacidades operativas de Estados Unidos e Israel en la región.
La doctrina iraní de guerra asimétrica impacta las capacidades de Estados Unidos e Israel para una guerra convencional. Irán no tiene la necesidad de una marina convencional para cerrar el Estrecho de Ormuz; le bastan sus drones, sus lanchas rápidas y las amenazas de colocación de minas para lograr el control del Estrecho.
Indican los autores que la actual situación ha llevado a Irán a depender en una alianza con la República Popular China como socio, para la eventual reconstrucción y recuperación de su economía luego de la guerra.
Otro elemento que refleja un cambio de enfoque del actual liderato del país es el manejo de las comunicaciones y su enfoque de atender las necesidades de la población con nuevas reformas económicas. Esto, señalan, ha contribuido a unificar los intereses de la población, distinto a lo que ocurría a comienzos de enero, donde había resentimiento de la población contra el gobierno.
Los ataques de Estados Unidos e Israel han provocado, también, un incremento en el sentimiento nacionalista de la población, sentimiento que trasciende consideraciones políticas. De acuerdo con un análisis de Bloomberg, dos terceras partes de los objetivos atacados en Teherán antes del cese al fuego, eran zonas residenciales, comerciales y otro tipo de edificios civiles. Hoy más que la apelación al sentimiento religioso, el gobierno apela al sentimiento nacional, insistiendo en la dignidad de los iraníes y la capacidad de preservar su civilización frente a la agresión imperialista.
Según los autores, Irán no ha abandonado a sus aliados regionales tales como Hezbolá en Líbano, las Milicias Hutíes en Yemen, y más reciente añadimos nosotros, las milicias pro iraníes chiitas “Fuerzas de Movilización Popular” en Iraq.
Finalmente, señalan los autores que, si bien la República Islámica de Irán, luego de la guerra, seguirá siendo un país autoritario. La república que emerja luego de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, será definida más por el nacionalismo que por la ideología; más por organización del Estado que por la revolución; más por la confianza en una nueva ética tecnocrática de una nueva clase de oficiales que por el carisma clerical; lo que se parecería a la Turquía de los kemalistas; o al Egipto bajo Gamal Abdel Nasser. Allí la ideología estuvo supeditada a los intereses nacionales e imperativos del poder del Estado.
Mientras discurren los ataques contra Irán por parte de Estados Unidos, se mantiene la ofensiva de Israel sobre la porción sur de Líbano en su guerra contra Hezbolá; mientras Israel continúa la agresión y genocidio contra la población en Gaza, incluyendo la ocupación permanente de parte de su territorio; mientras la situación en la región se complica con la participación de Arabia Saudita en ataques aéreos en Iraq contra las Fuerzas de Movilización Popular; y mientras Ucrania agrede embarcaciones iraníes en el Mar Caspio; Irán se mantiene ocupando el Estrecho de Ormuz y respondiendo a los ataques perpetrados contra su territorio golpeando instalaciones militares en países árabes aliados de Estados Unidos, lo que podría provocar eventualmente el involucramiento de estos países directamente en el conflicto.
Nada está escrito en piedra sobre a dónde nos lleve eventualmente este conflicto bélico.
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