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La continuación de la guerra en Irán: perspectivas a corto plazo

 

 

12 de marzo de 2026

La situación prevaleciente en el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán nos obliga nuevamente a abordar su actual desarrollo. Si asumiéramos como datos correctos en el caso de cualquier otro país aquellos ofrecidos por Estados Unidos para Irán, entre los cuales figuran más de 5,200 objetivos alcanzados que incluyen, entre otros elementos claves de la infraestructura del país, plataformas de ataque; defensas anti aéreas; búnkeres subterráneos desde donde se almacenan misiles y armas estratégicas; puertos; refinerías; plantas nucleares; el hundimiento del 95% de los medios navales de la marina de guerra iraní y otras tantas capacidades militares del país; ya la guerra habría terminado.



A la destrucción causada por Estados Unidos en Irán se suma, con igual o similar capacidad de destrucción, las miles de incursiones de Israel contra dicho país, así como también, ataques contra organizaciones afines a Irán como es Hezbolá en el Líbano o los houtíes en Yemen.

Contrario al discurso oficial, entre los objetivos de los países agresores se encuentran decenas escuelas, hospitales, barrios residenciales, aeropuertos civiles, edificaciones de gran valor cultural e histórico; y claro está, el asesinato selectivo de importantes figuras políticas, militares, científicas y gubernamentales.

En algún momento previo, tanto Estados Unidos como Israel expresaron la intención de llevar a Irán a la “Edad de Piedra”.

A pesar de ello, Irán no sólo resiste la agresión sino que responde.

Más allá del dominio del aire por parte de Estados Unidos e Israel, Irán se vale de sus capacidades en el lanzamiento de misiles con distinto potencial de destrucción y alcance. Entre ellos que se encuentran los Shahab-3, portadores de una carga de 1,500 libras de explosivos; y drones Shahed-136, ambos producto del desarrollo nacional de su industria armamentista.

De acuerdo con analistas occidentales, los Shahab-3 son lanzados desde tierra, logran alcanzar una altitud de 250 millas y tienen un alcance de 1,200 millas. Los drones Shahed-136, mucho más pequeños, tienen un alcance de 1,500 millas. Estos drones se desplazan a una velocidad de 115 millas por hora y portan una carga explosiva de 90 libras. Se indica que Irán los ha producido por miles a un costo relativamente pequeño ($35,000), si se compara con el misil AGM-154 producido por Estados Unidos, portador de una carga explosiva de 200 libras de TNT, donde cada uno cuesta entre $578,000 y $836,000.

Se indica que a partir de la guerra de dos semanas librada entre Estados Unidos e Israel contra Irán en junio de 2025, Irán realizó ajustes en su estrategia de resistencia ante una nueva agresión y en su preparación para una guerra a ser librada en tierra. Se indica, además, que independientemente la capacidad de destrucción que desde el aire y mar pueda tener Estados Unidos e Israel, cualquier país, para ganar una guerra, tiene que ocupar territorio.

Hasta el presente Estados Unidos ha admitido la muerte de siete soldados y cerca de 150 heridos, algunos de gravedad. Sin embargo, no hay absoluta garantía de que los números ofrecidos sean correctos. Podría haber un mayor número de bajas estadounidenses sin informar.

En las bajas que pueda sufrir Estados Unidos en el caso de una invasión a suelo iraní puede estar su Talón de Aquiles. Para esto aguarda la República Islámica de Irán con gran sigilo. Israel no podría comprometer abundantes recursos para una operación militar en tierra, teniendo abiertos como frentes de combate Palestina y Líbano. De ahí que una operación en tierra contra Irán comprometería fundamentalmente tropas estadounidenses. Así resultó con las llamadas coaliciones encabezadas por Estados Unidos durante la Guerra del Golfo en Irak y la guerra en Afganistán.

En nuestro escrito del pasado 5 de marzo de 2026 sobre la guerra contra Irán, citábamos de parte de Toni Timoner, en artículo publicado en la página electrónica Agenda Pública, su análisis sobre cuatro posibles escenarios del desarrollo de la guerra, a saber:

(1) La radicalización estratégica iraní donde los sectores moderados son deslegitimados y la Guardia Revolucionaria Islámica consolida su poder en el país.

(2) Una salida similar a la desarrollada en Venezuela tras la operación militar llevada a cabo el 3 de enero de 2026, que incluyó el secuestro de su presidente y desembocó en una “negociación pragmática”; es decir, una que produzca un reequilibrio interno de poder manteniendo la estructura fundamental del país a cambio de un alivio económico.

(3) Una transición profunda hacia un gobierno no islámico; es decir, secular, moderadamente liberal, para lo cual indica el autor, sería necesario un ingrediente que al presente no existe, que es una oposición articulada con capacidad institucional inmediata.

(4) La fragmentación del Estado por corrientes étnicas que lleven a una balcanización del país donde distintas milicias actuarían, cada una por su cuenta y sin coordinación. De hecho, apenas el 60% de la población de Irán es persa.

En su frontera noroccidental, Irán colinda con Turquía, Azerbaiyán e Iraq. Más al norte se encuentra el Mar Caspio. Sin embargo, en lo que constituye la frontera entre Turquía, Azerbaiyán e Iraq se encuentra una región cuyo componente poblacional, no son persas sino kurdos.

Kurdistán es una región localizada en el Medio Oriente que abarca una superficie distribuida en 190,000 Kms. cuadrados en lo que hoy es Turquía; 125,000 Kms. cuadrados en lo que hoy es la República Islámica de Irán; 65,000 Kms. cuadrados en lo que hoy es Iraq y 12,000 Kms. cuadrados en la República Árabe Siria; todo ello para una superficie de 392,000 Kms. cuadrados. A lo que se suma una porción mucho más pequeña de territorios dentro de las fronteras de Armenia y algunas ex regiones autónomas o repúblicas de la extinta Unión Soviética, como es el caso de Chechenia.

Desde hace años, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos ha ido promoviendo un levantamiento de los kurdos en Irán, el cual contaría con el apoyo de los kurdos de Iraq. Los kurdos en Turquía han sido objeto de persecución al extremo que algunas de sus organizaciones, particularmente el Partido Comunista del Kurdistán (PKK), ha sido catalogado como “organización terrorista”.

En lo que sería la frontera entre Turquía y Siria, dentro del marco de la guerra civil librada contra el gobierno de Bashar Al-Assad, Turquía también ocupó varias provincias del norte del territorio sirio con población mayormente kurda. Las milicias kurdas fueron apoyadas por Estados Unidos participando en operaciones militares contra ISIS. En esta región Estados Unidos emplazó una instalación militar garantizando así su acceso al petróleo sirio en dicha región.

Para Turquía es impermisible la formación de un Estado kurdo dentro de lo que hoy es Irán como lo fue antes con relación a Siria. Esto reforzaría la lucha del pueblo kurdo por la creación de un Estado nacional que incluya eventualmente parte del territorio turco.

También en la zona fronteriza de Irán con Azerbaiyán, región donde viven más azeríes que en el propio Azerbaiyán y que dicho país lo considera como Azerbaiyán del Sur, podría darse otro proceso secesionista. A pesar de que Turquía y Azerbaiyán son aliados, hay que tener presente que en política no suelen prevalecer los principios sino las conveniencias e intereses.

Al presente parte de la discusión en torno al futuro de la guerra contra Irán se relaciona con el bloqueo por parte de dicho país del Golfo Pérsico y el “Estrecho de Ormuz”. Dicha zona, por donde discurre el 20% del petróleo y gas natural en el mundo, tiene en el Estrecho, del lado norte a Irán, mientras en la orilla de lado sur, se encuentra Omán. La distancia entre una orilla y la otra es de 33 kilómetros. Conforme a la normativa internacional, cada parte puede reclamar la territorialidad de sus aguas hasta 12 millas de cada orilla. A través del Estrecho, transitan mensualmente aproximadamente 3 mil embarcaciones. En los pasados dos años transitaron por dicha vía 20 millones de barriles de petróleo diarios.

Gran parte del litoral de Golfo Pérsico incluye, en su punto más cercano dos Estados, Irán y Omán. La zona ha estado en las pasadas semanas siendo escenario de enfrentamientos entre la marina de guerra de Estados Unidos y la marina de guerra de Irán. Estados Unidos reclama haber hundido o destruido el 95% de los medios navales de Irán. Entre ellos se encuentra una fragata la cual fue hundida en aguas internacionales por un submarino estadounidense causando la muerte de más de 80 marinos. Irán por su parte, sigue sosteniendo que aún retiene la capacidad para contraatacar mediante misiles los buques de la marina de guerra de Estados Unidos y barcos petroleros, mientras mantiene la advertencia de bloquear el “Estrecho de Ormuz”.

Un bloqueo del “Estrecho de Ormuz” a mediano y largo plazo, si ocurriera, impactaría severamente a uno de los principales compradores del petróleo y gas natural producido por Irán. Tal sería el caso de la República Popular China la cual depende, más allá de sus reservas, de dichos combustibles fósiles para su desarrollo económico y militar. Por esto hay quienes han indicado que el principal objetivo para Estados Unidos en esta guerra no es destruir a Irán, sino afectar las capacidades de China en la región indo pacífico por donde transita gran parte de las mercancías a nivel global. Sin embargo, de otro lado, quizás la misma severidad que Estados Unidos va contra China, serían los efectos del bloqueo del “Estrecho de Ormuz” para sus países aliados de en la Unión Europea, e incluso, sobre su componente militar en dicho continente, la OTAN.

Ya los efectos del conflicto comienzan a sentirse a escala global con el incremento habido en pocos días del precio del barril de petróleo y sus efectos en las economías globales. En ese sentido, el tiempo es un factor clave a considerar desde el punto de vista del desarrollo de esta guerra.

Si Estados Unidos quiere ponerle un punto final al conflicto tiene dos caminos: el primero sería el diplomático, donde el primer paso sería procurar un armisticio o alto al fuego entre las partes. Esta opción no se ve en el horizonte en estos momentos. Irán ha rechazado el reclamo de Estados Unidos de rendición incondicional y la negociación que venía desarrollándose antes de que Estados Unidos decidiera en medio de las negociaciones iniciar la guerra, tampoco está al momento sobre la mesa.

La estrategia de Irán sigue siendo en ese sentido utilizar el factor tiempo a su favor, resistiendo, agotando los recursos económicos y militares de Estados Unidos en la guerra y dejando abierto a la inevitabilidad del camino al desplazamiento de personal de combate en tierra. El objetivo sería forzar la entrada de Estados Unidos un laberinto del cual no tenga otra salida que no sea forzar a que la guerra termine en una mesa de negociaciones. Esta estrategia, sin embargo, depende en alguna medida de varios factores como:

(1) Qué haga Israel con relación a Irán, recordando que, funcionarios del gobierno de Estados Unidos alegaron que fue la inminencia de la operación militar de Israel contra Irán, como ocurrió antes en junio de 2025, el elemento precipitador del inicio de la presente guerra. Valdría la pena teorizar si en esta coyuntura Israel funciona como el peón de Estados Unidos en el Medio Oriente o si Israel ha logrado imponer su estrategia en el Medio Oriente y Asia Central.

(2) Qué pueda ocurrir en Estados Unidos con las elecciones de medio término de noviembre de 2026, tomando en consideración que la mayor parte de los estadounidenses desaprobaron el inicio de las operaciones militares contra Irán y la posibilidad de que el Partido Republicano pierda la mayoría en la Cámara de Representantes y cambie el mapa político de Estados Unidos de cara a las elecciones de 2028.

(3) Las consecuencias para los Estados aliados árabes de Estados Unidos en la región con relación a daños que les pueda ocasionar Irán destruyéndole importantes elementos de su infraestructura, como son las refinerías de petróleo, los conductos de gas natural, plantas desalinizadoras, etc.

Sobre este último renglón es importante desatacar que la riqueza que tienen múltiples Estados árabes de la región producto del petróleo en el subsuelo; se encuentra en proporción inversa al factor agua en dicho subsuelo. Si como muestra un botón basta, Kuwait depende en un 90% de las plantas desalinizadoras para el consumo de agua potable; Omán en un 86%, Arabia Saudita en un 70% y los Emiratos Árabes Unidos en un 42%.

Indica Antonio Legaz, un analista de defensa e inteligencia en una artículo publicado el 9 de marzo, titulado ¿Y si Donald Trump se ha equivocado atacando a Irán?, lo siguiente:

“Estados Unidos domina el espacio aéreo iraní, pero ¿y si los bombardeos no bastan? Aquí la geografía se convierte en el mejor aliado de Irán. Es el decimoséptimo país más grande del mundo, con una superficie equivalente a la de Europa Occidental, dominada por cadenas montañosas como el Zagros y el Elburz que crean corredores naturales de defensa donde cualquier avance terrestre se convierte en imposible. Tomar una posición militarmente no significa bombardearla desde el aire; significa ocuparla, controlarla y sostenerla, y eso requiere infantería, columnas blindadas expuestas y líneas de suministro que atraviesan un territorio diseñado para destruirlas. Afganistán tenía 38 millones de personas; Irán tiene 92 millones, con una Fuerzas Armadas regulares, el IRGC y milicias de reserva que en conjunto superan el millón de efectivos entrenados para una guerra de resistencia en su propio suelo. El coste humano de una invasión terrestre sería de una magnitud que ningún presidente americano podría sostener más de unas semanas.”

Mientras las manecillas del reloj cuentan los segundos, las horas y los días, la posibilidad de que este conflicto escale es real, no ya a uno regional, sino a un conflicto que amenaza con ampliarse a otras países con graves impactos globales.


 


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