Escrito por José E. Rivera Santana / Copresidente del MINH
Una intensa actividad de reflexión ha ocurrido en Puerto Rico en los pasados 15 años. En muchas de ellas he tenido la oportunidad de participar, en ocasiones como conferenciante o panelista, en otras como uno más de los asistentes.
En Puerto Rico, el gobernador Luis G. Fortuño ganó las elecciones en el 2008 prometiendo que no tomaría medidas que implicaran despedir a trabajadores. Sin embargo, a pocas semanas de iniciar su gestión gubernamental le anunció al País el despido de sobre 30,000 empleados del sector público.
Las casas acreditadoras Standard & Poor's y Moodys volvieron a ocupar los titulares noticiosos luego de anunciar su evaluación negativa del crédito de Estados Unidos y Puerto Rico respectivamente.
Con frecuencia me encuentro con compañeros y compañeras que en su saludo inicial o inmediatamente después, me lanzan una expresión de frustración o de impotencia ante la situación que vivimos.
El Gobernador habló de lo que no es y ocultó lo que es. Nunca pensé que se pudiera llegar a tal argucia y niñería. Manipular datos y enredarlos con el propósito evidente de engañar, fue el resultado de la “oratoria” presupuestaria de un verdadero truquero que, por suerte, ya pocas personas le creen.



